Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.
Salmo 1: 3
Meditando en la Palabra pude visualizar el lugar en donde vivo; hay muchas lagunas, y muchos árboles plantados a los pies de ellas, verdes brillante, frondosos, cada cual más hermoso que otro; todo esto me llevo a leer un poco sobre éllos y encontré algo espectacular.
El proceso de la fotosíntesis, que es la conversión de la materia inorgánica en materia orgánica, gracias a la energía que aporta la luz para que las plantas puedan alimentarse y desarrollarse.
Recordemos que La Palabra nos dice que Jesús es la Luz del mundo y que nosotros estamos muertos por el pecado. El nos da vida, gracias a su Santo Espíritu, quien nos alimenta y nos cuida hasta llegar a crecer a la estatura y plenitud de quien nos llamó de las tinieblas a su luz admirable para plantarnos y arraigarnos en áquel de quien fluye rios de agua viva y convertirnos en esos hermosos árboles que den buenos frutos.