viernes, 22 de septiembre de 2017

¿En dónde estás sentado?

Cuando era niña escuchaba decir que mi país era un mendigo sentado en un banco de oro, debido a las riquezas naturales de él  tanto en flora, fauna y geología pero que nunca han sido usadas sabiamente.

¿Sabes que a nosotros, los seres humanos, nos pasa lo mismo?  somos unos mendigos sentados en un banco de oro.  ¿Por qué lo digo?   estoy leyendo un libro el cual me llevó a la Palabra de Dios y pude leer este versículo:

Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nostros en Cristo Jesús.  Efesios 2: 6 - 7

El apóstol Pablo no nos está diciendo que nos vamos a sentar ahí en un futuro,  está diciendo que ya estamos ahí sentados. 

Entonces me pregunto:
¿Estoy como un mendigo sentado en un banco de plata? o estoy sentada en los lugares celestiales con Jesucristo, al lado del Rey de Reyes y Señor de Señores?
¿Estoy disfrutando de las riquezas de la gracia  que Dios me da? o ¿estoy pidiendo limosna a todo el mundo?

Al igual que  mi país necesita de una mano poderosa, que lo ame, se sacrifique por ella  para que pueda levantarse de ese banco y disfrutar de todas sus  riquezas naturales, nosotros también lo necesitamos.  

Ese alguien es Jesucristo ya lo hizo, se sacrificó, dio  su vida en amor por nosotros; además ahí  está con su mano extendida, esperando, listo para ayudarnos a levantar y enseñarnos como disfrutar de todas sus riquezas tanto fisicas como espirituales.  

¿Y tú vas a extender tu mano para tomar la mano de Jesucristo y permitirle entrar en tu vida?


jueves, 21 de septiembre de 2017

Lentes

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y nos las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
1 Corintios 2: 4

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios no ha concedido.
1 Corintios 2: 12


Se me quedó algo en el tintero, y no quisiera que se pierda ahí, por eso que les quiero contar algo hermoso que me pasó.  En una de las entradas de mi blog les conté de que alguien me había regalado unos lentes para ver el eclipse solar que pasó el veintinuno de agosto de este año, yo estaba en la calle cuando me los dieron, pero me picaban las manos para sacar los lentes del paquete y ponérmelos.

En cuanto quedé sola los saqué, me los puse y cual no sería mi sorpresa de que no se podía ver nada, era como que en vez de lentes hubiera tenido unos cartones negros,  comencé a mover mi cabeza con los lentes puestos de un lugar a otro,  como buscando algo y de pronto sin querer me di la vuelta y ahí estaba, fue una de las cosas más hermosas que he visto en mi vida, pude ver el sol perfectamente, redondo y anaranjado,  Por supuesto me asusté porque no sabía si debía usar los lentes sobre mis anteojos o debajo de mis anteojos, y veinte  mil preguntas que pasaron por mi cabeza en un segundo, así que me los quité pero quedé impresionada con tanta belleza que no la  hubiera podido haber visto sin esos lentes especiales. 

Realmente lo que vi duró menos de un segundo, pero fue algo que me impactó.  Me quedé mirando al espacio, pensando que cosas habrían mas allá de lo que mis ojos podían ver, y luego  más allá, en el cielo,  en donde está sentado Dios, junto con Jesucristo y los ángeles, esos lugares celestiales que no podemos ver pero que si existen y que si tuvieramos unos lentes especiales como los del eclipse los veríamos y  entendí que es  sólo con el Espíritu Santo de Dios que podremos ver  todas estas cosas, Él viene a ser para nosotros como esos lentes solares. 

Así como estuvo en mi la decisión de aceptar y recibir  los lentes de gratis y usarlos;  está en ti tomar la decisión de aceptar al Espíritu Santo de Dios para poder  disfrutar todo lo hermoso que Dios tiene para ti por la Gracia de su Hijo Jesús.