No tengas miedo, pues yo estoy contigo;
no temas, pues yo soy tu Dios.
Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,
yo te sostengo con mi mano victoriosa.
Isaias 41: 10
Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: Sálvame Señor. (Mateo 14: 22 - 33)
Quien no ha escuchado este pasaje de la Biblia? Se critica tanto a Pedro ... ¿Cómo es posible que estando con Jesús tuvo miedo? ¿cómo pudo dudar? ¿Sabes algo? nosotros también lo hacemos.
Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre y nos ha prometido estar con nosotros, nos ha dicho que no tengamos miedo, que nos da fuerzas, que nos sostiene, y aún así quitamos nuestros ojos de Él y comenzamos a ver lo que hay a nuestro alrededor y nos da miedo y nos comenzamos a hundir en el desespero y en la tristeza.
Lo peor del caso es que nos dejamos hundir, cada instante que pasa sin volver nuestra mirada a Él es hundirnos más, no reaccionamos, nos olvidamos de todo lo aprendido, nos olvidamos de clamar como Pedro lo hizo: Sálvame Señor.
Más nos valdría no quitar nuestros ojos de Él ni un instante, pero tercamente lo hacemos, no estamos pendientes de mantener una verdadera relación con Dios, las cosas las damos por hecho, creemos que Dios está obligado a cumplir sus promesas para nosotros recibir sus bendiciones. No, esto no es así!
Dios desea tener una verdadera relación con nosotros y para que esta sea posible la única forma es puesto nuestros ojos en Él a diario, a cada instante, en todo momento y en todo lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario