jueves, 3 de noviembre de 2016

Que bello.

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste,  digo:  ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?  
Salmos 8: 3 - 4

Llegué a trabajar, aún estaba oscuro. Sentada en mi carro mirando hacia el horizonte podía contemplar el firmamento, a los pocos minutos pude ver como la luz se abría paso entre las tinieblas, ésta poco a poco se iba disipando para dar paso al nuevo amanecer.  Cuando bajé del auto pude contemplar una mezcla espectacular de colores entre las nubes; grises, rosas y blancas entre ellas podía ver el cielo azul, yo miraba emocionada, trataba de tomar fotos pero esa pequeña cámara que tenía en mis manos no era capaz de plasmar la belleza y el esplendor de lo que mis ojos veían, cuando derepente para completar lo que mis ojos veían bandadas  de palomas revoloteaban a través del cielo.

Estaba muy emocionada mirando dando gracias a Dios el Creador por tanta magnificiencia, por tanta majestuosidad por tanta belleza que me permitía contemplar, era algo muy grande que me embargaba, cuando en mi oración dije:   que bello es Dios todo lo que haces con tus manos.  

Todo esto me llevó a recordar que sí,  realmente es muy bello todo lo que Dios hace con sus manos, y a entender que nosotros somos su mayor obra de arte. 

Él nos formó, cuidadosamente, detalladamente, así como un escultor cuando crea la pieza más importante de su vida. 

Nos formó con tanto amor, nos hizo hermosos a sus ojos, nos contempla, nos guarda, nos cuida, nos guía como un padre a su hijo al que ama. Me pregunto:  ¿Cómo Padre sufruirá al ver lo testaruros que somos  al querer tomar nuestro propio camino  sin tomar en cuenta todo lo que ha hecho, hasta dar su última gota de sangre por tí y por mí?

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Sálvame Señor!


No tengas miedo, pues yo estoy contigo;
no temas, pues yo soy tu Dios.

Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,

yo te sostengo con mi mano victoriosa.

Isaias 41: 10

Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús.  Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: Sálvame Señor.  (Mateo 14: 22 - 33)

Quien no ha escuchado este pasaje de la Biblia?  Se critica tanto a Pedro ... ¿Cómo es posible que estando con Jesús tuvo miedo?  ¿cómo pudo dudar? ¿Sabes algo? nosotros también lo hacemos. 

Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre y nos  ha prometido estar con nosotros, nos ha dicho que no tengamos miedo, que nos da fuerzas, que  nos sostiene, y aún así quitamos nuestros ojos de Él y comenzamos a ver lo que hay a nuestro alrededor y nos da miedo y nos comenzamos a hundir en el desespero y en la tristeza.

Lo peor del caso es que nos dejamos hundir, cada instante que pasa sin volver nuestra mirada a Él es hundirnos más, no reaccionamos, nos olvidamos de todo lo aprendido, nos olvidamos  de clamar como Pedro lo hizo:  Sálvame Señor.

Más nos valdría no quitar nuestros ojos de Él ni un instante, pero tercamente lo hacemos, no estamos pendientes de mantener una verdadera relación con Dios, las cosas las damos por hecho, creemos que Dios está obligado a cumplir sus promesas para  nosotros  recibir sus bendiciones.  No, esto no es así!

Dios desea tener una verdadera relación con nosotros y para que esta sea posible la única forma es puesto nuestros ojos en Él a diario, a cada instante, en todo momento y en todo lugar.