Desde la cima del Machu Pichu los guías turísticos nos mostraron el Huayna Picchu, una montaña esperando ser escalada ¿por nosotros?. No no, no por mí ... alguien preguntó ¿quién quiere subir? No no, yo no.
Pues bien, todos decidieron subir, y ahí estaba yo en un lugar desconocido, de pie ante la montaña, mirando hacia arriba pensando: ¿qué haré? La montaña esta preparada para ser escalada sin peligro, eso dicen, igual es muy empinada, hay precipicios, caminos pequeños por donde pasar, escalones muy altos, ramas, espinas, rocas; recuerdo que habían partes por donde me tenían que dar la mano para subir, por momentos me agotaba y quería regresar ... fui la última de mi grupo en llegar a la cima del Huayna Pichu.
¿Valió la pena escalar? claro que sí!!
1. Yo pensaba que no iba a ser capaz de lograrlo.
2. Me enfrenté a mi misma, mis temores, mis miedos, mis preocupaciones.
3. Cuando llegué a la cima, después de tomar aire por unos segundos, en frente de mí pude contemplar la herrmosa ciudad inca.
Cuando te enfrentas a la Palabra de Dios, tienes que tomar una decisión ¿Qué hago?, el camino ya está preparado por Jesucristo, sí, vamos a tener muchos obstáculos pero ahí hay grandes rocas, fuertes, firmes; estás son la Palabra de Dios, es cierto algunas veces vamos a tener miedo, temor, dudas, algunas veces vamos a querer desertar pero en esos momentos de flaqueza tenemos al Espíritu Santo con su mano extendida para ayudarnos en nuestro andar con Jesús.
¿Vale la pena? claro que sí!! Gracias a Jesucristo,
1. Somos bendecidos con toda bendición espiritual.
2. Somos *santos y sin mancha delante de Dios.
3. Dios nos adopta como sus hijos.
4. Somos aceptados por Él.
5. Recibimos el perdón de pecados.
6. Podemos contemplar la Hermosura de Dios, el Esplendor de su Gloria.
* 1 Pedro 1:16
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